Un sólo
camino
“Dicen
que los objetos siempre regresan a sus dueños cuando son prestados”. Me contó
esto cuando lo conocí. En nuestra primera despedida, me puso su bufanda y me
pidió que recordara lo que dijo. Paso mucho tiempo antes de que nos volviéramos
a ver. Conversamos por un largo rato y tomamos café. Nos volvimos a ver
ocasionalmente, pero mis maletas ya estaban hechas. Nuestro tercer encuentro
fue en el camino, sólo me grito: “Hola, espero volver a verte”. Su recuerdo fue
olvidado entre mudanzas, hasta que una tarde alguien gritó a mi espalda: “Tú
tienes algo mío”.
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