miércoles, 10 de julio de 2013

Diario de Gaya. Octubre 24, 3051

Es de noche. ¿Escribo esto con la esperanza de regresar con vida? Ya son 26 días de estar en Gaya y sólo sobrevivimos cinco de los tripulantes. Los síntomas fueron confusos; primero se presentaba una arrebatada euforia por lo que había visto: colores, armonía, libertad. No tenían comparación según las descripciones. Pero, tras la segunda, y en algunos casos cuarta expedición, las descripciones cambiaban a grotesco, visceral y sádico. Venía la muerte. En todos los casos: Suicidio.  Parecía que El pensamiento se acumula en ellos. “¿Por qué viven aún?” me dijo el último explorador al regresar. Se agota nuestro tiempo y continuamos sin descubrir su enigma de sobrevivencia. Me llegó El pensamiento…Temo ser descubierto, he dañado la nave y nos quedaremos.


La pesadilla del Lic. Mendoza

A 20 años del tratado de libre comercio, un pasado difícil, un futuro incierto: apuntes post electorales. México se moviliza. Una rítmica eyaculación de poesía pa’ la raza (rescatando al yo de un horóscopo televisado).




 (Fragmentos de títulos tomados de Pijamasurf.com)
10 de diciembre de 2012, 3:23am

Te miro bella
con la piel dilatada. 
Tú olor es mío.
Infinito escarlata
pinta el mohín tuyo.


Nota medica de ingreso: Intoxicación por consumo de alcohol y chocolate con relleno cremosito. 
Se vuelve plena 
al cobijo del mar
aquella luna.
Un sólo camino


“Dicen que los objetos siempre regresan a sus dueños cuando son prestados”. Me contó esto cuando lo conocí. En nuestra primera despedida, me puso su bufanda y me pidió que recordara lo que dijo. Paso mucho tiempo antes de que nos volviéramos a ver. Conversamos por un largo rato y tomamos café. Nos volvimos a ver ocasionalmente, pero mis maletas ya estaban hechas. Nuestro tercer encuentro fue en el camino, sólo me grito: “Hola, espero volver a verte”. Su recuerdo fue olvidado entre mudanzas, hasta que una tarde alguien gritó a mi espalda: “Tú tienes algo mío”.
Perspectiva

Veo la luz que traspasa el vaso. Las voces se escuchan en distintos tonos. “La nada es el infinito de su presencia”. Abrimos otra botella. Ningún vaso vacío. Estoy quieto observando sus manos. Se mueven como danzantes excitados por el sonar de los tambores. “Vela es una puta”, dicen a su oído,  su Ello desdoblado en otra. Una mujer cristalina abraza a un hombre. “Espero que se muera”. Bajamos las escaleras.
Ana, deja de dar vueltas en las escaleras.
—Tú ni me ayudas. Eres una culera.
Volvemos a pasar por el faro que tintinea una mirada. El espejo vuelve a hacer la extraña señal. Seguimos bajando.
— Ana, deténte —. Abrimos la puerta. Una cama amarilla y una blanca en la que se lee Dimmak, la mujer del espejo abraza al hombre. Los observo.

— Ana, no te voy a besar.
De lo acontecido tras el ingenioso invento de González Camarena

En cantinas, restaurantes y loncherías le cerraban la puerta. Las señoras ya no caían fulminadas ante su impactante mirada. —Ándele, créame, soy yo: “Amorcito corazón, yo tengo tentación de un beso, que se pierda en el querer…”. Explicaba sin obtener resultados. Una suerte similar corrió otra, quien pretendía evitar la fila con su pose de diva y labios carmín. —Ese cuento ya me lo sé, ahora resulta que todos son grandes actores —, le gritó el maître mientras la echaba a la calle.


—¿Qué? ¿Usted también me va a decir que es un actor famoso de cine?—, le preguntó a otro de la fila, que asintió levantando su bombín (risas).