miércoles, 10 de julio de 2013

Perspectiva

Veo la luz que traspasa el vaso. Las voces se escuchan en distintos tonos. “La nada es el infinito de su presencia”. Abrimos otra botella. Ningún vaso vacío. Estoy quieto observando sus manos. Se mueven como danzantes excitados por el sonar de los tambores. “Vela es una puta”, dicen a su oído,  su Ello desdoblado en otra. Una mujer cristalina abraza a un hombre. “Espero que se muera”. Bajamos las escaleras.
Ana, deja de dar vueltas en las escaleras.
—Tú ni me ayudas. Eres una culera.
Volvemos a pasar por el faro que tintinea una mirada. El espejo vuelve a hacer la extraña señal. Seguimos bajando.
— Ana, deténte —. Abrimos la puerta. Una cama amarilla y una blanca en la que se lee Dimmak, la mujer del espejo abraza al hombre. Los observo.

— Ana, no te voy a besar.

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